Ir a la oficina me cambió la vida, y para bien

Published by Martín Longo on

Ojo, hay truco: en mi trabajo puedo trabajar remoto todos los días. Me explico.

Hasta hace poco más de un año, trabajaba en mi casa, en cualquier lugar donde pudiera apoyar la PC. Me sentía brutalmente cansado día a día, aunque la pandemia explicaba mucho: no se podía salir, o era recomendable no hacerlo. En ese tiempo, estaba saliendo con quien era mi novia. Veníamos de un año de relación, empezada en pandemia.

Estaba gordo y sin energías, en un trabajo donde encima no se me presentaban grandes desafíos.

Sé también que sólo trabajar en tu casa lleva a una distorsión en el aprovechamiento del espacio. Una amiga me contaba el fin de semana que su vida de descanso transcurre en su dormitorio (incluso desayuno y cena), mientras que el trabajo ocurre en el living. Tremendo.

Sin embargo, algo cambió todo: una pelea con mi novia, de esas fulminantes, donde ya no podés seguirla. Más allá del obvio duelo que pasé, me convencí que no podía seguir encerrado en casa, y que tenía que salir adelante de alguna forma. Así que hice dos cosas: volver al gimnasio, y empezar a ir a una oficina de coworking, cosas que sigo haciendo hoy por hoy.

Los beneficios en la salud de hacer alguna actividad física (más allá de alguna lesión por idiota) los conocemos todos. Trabajar fuera de casa, al principio dos días y ahora tres por semana, me hizo dar cuenta de algunos detalles importantes:

  • Mi casa es ahora un lugar de descanso, donde me siento tranquilo descansando, en lugar de saber que “tengo cosas para hacer”, agarrar la PC y conectarme.
  • Volví a los niveles de socialización pre-pandemia que tenía. Hablar todo el día con mi hermano o mi novia era desgastante, para cualquier relación.
  • Me enfoco mucho más en la oficina. En casa me distraía fuerte con la PC, la Switch, o la cama.
  • Resolvimos el problema con mi pareja, y ahora, estamos bastante bien. ¡Es importante hacerse extrañar!

Las contras

Antipáticamente, creo que ir a una oficina de manera forzada sería un bloqueante en mi trabajo: si bien compartir un espacio entre compañeros ayuda a resolver dudas, también es cierto que sentir los ojos punzantes de un supervisor, además de dar una imagen constante consciente de profesionalismo, serían más problemas que nada tienen que ver para resolver mi trabajo, pero que están presentes.

Además, ni hablemos del innecesario tiempo de traslado a la actividad. En mi caso son 15 o 20 minutos en bici, para otros, son horas de viajes y contaminación a la que se exponen.

Si puedo elegir yo a donde ir a trabajar, con total libertad, es un plus. Y es algo que ya no creo que pueda cambiar.

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Martín Longo

Director de Ánimadata y Business Intelligence Engineer. Quemadísimo, escribo acá mis opiniones.