“¿Qué es lo que desprecias? A través de ello te conoceremos verdaderamente”.

Frank Herbert – Dune

Maquiavelo hizo su obra en el siglo XVI, y desde entonces las ciencias políticas han elaborado mucha teoría, para que en la práctica, incluso en el primer mundo, los políticos sean víctimas de la ignorancia y esclavos de sus deseos y su orgullo. Lo son con un poco más de elegancia que sus pares de los países peor gestionados, con pocas diferencias.

Para enseñar política, Maquiavelo escribió una analogía con la composición pictórica, los pintores se imaginan a sí mismos en las llanuras para para poder visualizar las montañas y en sus cimas para poder visualizar las llanuras, así entonces escribió que para conocer bien la naturaleza del pueblo, uno debe ser un gobernante, y para conocer bien la naturaleza de los gobernantes uno debe ser parte del pueblo. Nótese que una cosa no excluye la otra, al menos si uno aspira a ser un buen político y no alguien que se disfraza de uno.

Los “políticos” argentinos, y su aparato académico de propaganda, sostienen que la frustración de la ciudadanía y su giro a las extremas derechas en buena parte del mundo procede simplemente de mentiras mediáticas. Lo decían los políticos que estaban antes, lo dicen los políticos que están hoy, incluso los de la derecha misma.

Vivimos en un sistema mundial donde la política nos pasa por alto y nos excluye de toda participación y consideración, somos solamente ganado al que convencer de verter una papeleta que les otorgue una legitimación ficticia para hacer lo contrario a aquello para lo que fueron contratados. Y ellos, no sólo son ricos, sino que son mandados por los ricos y representan únicamente esos intereses. Fue escrito, por los padres fundadores de los Estados Unidos en El Federalista, que la república moderna se caracteriza por excluir completamente a los pueblos de toda participación política. El voto es más que una ilusión, es una rendición formal, una aceptación contractual sumisión y desigualdad política.

Maquiavelo nos revela el secreto del éxito del gran imperio romano en sus Discursos de Tito Livio, éxito que no fue ni obra de condiciones históricas favorables, ni de un poderoso aparato militar, sino de una muy exitosa mediación política entre los ricos y el pueblo. Explica que la naturaleza y el deseo de los ricos es la acumulación de riqueza y poder con el objeto de someter a otros; mientras que la naturaleza y el deseo de los individuos es librarse o evitar estar a la gracia y misericordia de los ricos. A diferencia de las repúblicas modernas, Roma poseía instituciones, notablemente los tribunos de la plebe, quienes eran capaces de contener el poder de los ricos, canalizando el conflicto en lugar de suprimirlo (un principio básico de las ciencias políticas) Roma preservaba la libertad y prosperidad de todos.

La otra notable diferencia con el presente es que en Roma, en la era de los reyes, y en las primeras repúblicas modernas antes del voto universal, los ricos eran la cara visible del poder político. Aprendieron a mediados del siglo XX la valiosa lección de que es necesario proveer un rostro que tome las decisiones impopulares en beneficio de los poquísimos, y ese empleado-político, fácilmente reemplazable, se lleva los costos políticos, mientras esos intereses minoritarios se mantienen incólumes dañando a toda la sociedad.

Para alcanzar esa la libertad y prosperidad, dice Maquiavelo, se necesita que la población se sienta involucrada y parte del país, en lugar de un sujeto ajeno e impropio. Y para lograrlo, se necesita esa vía de participación política que hoy no existe.

Por el contrario, las instituciones, del primer mundo y los otros, se ven manejadas por el lobby de los negocios, instituciones financieras y grupos de interés. Un caso cercano: a la hora de desregular el privilegiado y cerrado sector pesquero no hubo ni un solo voto a favor, ni siquiera de los legisladores de LLA. O el caso del Señor del Tabaco, y ejemplos abundan, en Argentina y fuera, de que la participación democrática es meramente una máscara, una semblanza.

Milei, Villaruel y todas las derechas…

…contemporáneas creen que los votaron porque adhieren al racismo antiinmigrante, la homofobia, el anarco-capitalismo, el terrorismo de los 70´, el servicio militar, el antiabortismo o el nacionalismo católico. Les tengo una noticia de la que evidentemente no tomaron consciencia: a nadie más que una minoría de delirantes asigna algún valor a eso. Las encuestas son claras en que lo importante es paz social y la economía próspera para todos. Y es a causa del déficit democrático que fueron votados en base a sus críticas hacia la progresía de no atender las necesidades de la gente. Son los únicos que le hablan a la desilusión de la gente, mientras la política tradicional sigue en una realidad aislada de las sociedades que gobernó. Sin embargo, es tiempo de tomarse un largo trago de humildad, porque no llegaron por mérito propio, sino por el desmérito de otros.

Entre pocos y nadie han leído a Hans Hoppe, y ni siquiera quienes dicen ser adherentes a sus ideas creen en ellas si no es con ánimo de lucro, a razón de que, en definitiva, la derecha y el anarco-capitalismo vienen a representar lo mismo que la izquierda desdeñosa, excluyente y engreída: representan la exclusión total de los constituyentes, es decir vos, yo, todos los que no somos parte del poder y la riqueza, pero que constituimos gobiernos con el voto.

El anarco-capitalismo no es más que otra propuesta de Estado-policía proveyendo RaaS (Repression as a Service) o la violencia represiva-opresiva que el poder no se anima a hacer sino es escondiéndose atrás de intermediarios. Los otros ismos esconden lo mismo, bajo rostros más o menos amigables, pero el objetivo subyacente es el mismo.

No puede haber prosperidad sin libertad genuina, y la libertad no existe sin estricta representación política de nuestros intereses.

La alternativa resolutiva que tenemos es no entregar el consentimiento legitimante para no permitirles formar gobierno. Hasta que se proceda instaurar, en vez de repúblicas, una democracia verdadera, donde la representación o sea directa (voto digital reemplazando el poder legislativo, desde tu celular), o alternativamente, mediante representante coaccionado a un nivel donde le sea imposible hacer otra cosa que cumplir la voluntad de sus mandantes.

La alternativa es preguntarte…

Llega la IA y ¿adónde esconderás la cabeza?

La Historia, entendida como la concatenación de hechos (y no como la narrativa de los vencedores que estudian los Historiadores) sigue avanzando imperturbable.  El progreso tecnológico sigue reduciendo la necesidad de horas de trabajo y aumentando exponencialmente la productividad de las horas presentes. Nótese que el nivel de vida general, desciende.

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En el pasado, los gobiernos, cada uno a su época, expulsaron la mayor parte de la población del sustento rural, para conducirlos, por la fuerza, a un lugar donde sólo las horas de trabajo son el único medio de sustento. Todo fue la mar de bien mientras la mano de obra para crear oferta estaba muy lejos de la demanda. ¿Qué será del Capitalismo sin mano de obra, y con ella sin demanda?

¿Y qué será de aquéllos que, desposeídos de medios de producción de riqueza, no tengan ya a quién venderse, no importa el skillset?

¿Y qué hacer, cuando despierten de la complacencia y encuentren que casi toda actividad es monitoreada y procesada por un software, que acaba por llevarte a consecuencias penales por una opinión? Ejemplos, hay de sobra, locales y foráneos.

Todavía no es tarde para alcanzar la libertad. Solo alcanza con no hacer nada.


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Categorías: BlogInvitados

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Lucas Nicolussi

Abogado.