Esta es la onceava de mis leyes. Ensayos filosóficos orientados a lo corporativo, para tener en cuenta todos los días.

En el primario, nuestros padres o tutores nos mandaban a la escuela. No podíamos elegir mucho ahí, primero porque éramos tremendos infantes, y segundo porque nuestros padres eran quienes tomaban esa decisión.

En el secundario sí, podíamos optar, más o menos, por qué queríamos seguir. Era el primer gran momento para darle forma a nuestra carrera profesional. La primera vocación, el primer llamado de la sociedad a cumplir un rol.

A los 18, se asoma el primer atisbo de libertad: empezar una carrera universitaria. Era una elección plenamente propia, aunque muchas veces apremiada por la tradición familiar.

¿Y después?

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Nuestras decisiones importan

Cuando hayamos terminado (o no) nuestra carrera, la vida se muestra sin manual. No hay una plantilla de éxito (¡ojalá la hubiese!). Hay quien prueba distintos trabajos para ver qué le cierra, hay quien decide especializarse académicamente, hay quien vive de la guita de los padres mientras viaja por el mundo.

Nuestro momento actual es necesariamente consecuencia de las decisiones que tomamos, y tomaron por nosotros. Tener 35 y estar en un trabajo junior no implica ser bueno o malo en un trabajo. Implica que tenemos un jefe mediocre, o que hayamos querido dar un giro brutal a nuestra carrera, o que queremos un tipo de vida apacible. O, lo que pasa muchas veces, que no hayamos tomado las decisiones correctas a tiempo.

Podemos constantemente hacer responsables al gobierno, al entorno, a la economía, a la buena/mala vida, a la salud. Si, muchas veces nuestra vida no depende de nosotros mismos. Pero en ese cuadradito donde creemos tener poder de decisión, hay que elegir con congruencia en que lo que decidimos es lo mejor para nosotros.


Buenas decisiones > Muchas decisiones

Elegir irte de un trabajo para estar en uno mejor y hacer carrera, a priori, es una buena decisión. No terminaría siéndolo si renunciamos en 3 meses. En sistemas pasa mucho eso, que hay personas que duran muy poco en un rol.

Eso en el CV se acumula, y si sos un job-hopper, es decir, una persona que cambia constantemente de trabajos en períodos cortos, se asume que o no tenés buena performance o te interesa el dinero por sobre cualquier otra cosa, algo que ninguna organización desea.

Las decisiones profesionales deben ir alineadas con una visión de nosotros mismos. Y muchas veces, esa visión se aclara frente a un espejo: “¿estoy en camino a quien quiero ser en 10 años?”.

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Martín Longo

Director de Ánimadata y Business Intelligence Engineer. Quemadísimo, escribo acá mis opiniones.