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Crecer implica darse cuenta de algunas verdades que estaban ocultas a simple vista, pero que quizás, tardamos mucho en prestar atención:
- A los hegemónicos en la vida les va mejor
- Todos estamos convencidos que estamos haciendo lo correcto (o lo que es lo mismo, nadie piensa realmente que actúa de manera equivocada)
- Con guita todo es más fácil
- Star Wars está sobrevaloradísima
- Un auto es un pozo ciego de dinero
- Los emprendedores y empresarios mienten
Me voy a detener en este último punto, porque esto es ÁnimaData y no un libro de Gabriel Rolón. Porque quizás pensás que sos una persona racional, pero más de una vez, te indignaste con algo que viste en LinkedIn. Y quiero compartirte algo, así, si te vas a seguir indignando, te indignás con razones.
La seducción es un arte
Estás por salir con una chica. Te ponés tu mejor camisa, que usás una vez por mes, tu mejor perfume, tu mejor pantalón. Zapatillas o zapatos, según tu estilo. Te peinas (ok yo no), te bañás, te sacás pelos de los lugares más incómodos. Si tenés auto, una lavadita no viene mal.
Llegás al lugar de la cita y ves que ella es perfecta. No le encontrás un pelo en un lugar que “no corresponda”. No le encontrás una mancha en ese vestido blanco que lleva tan bien. Al beber, bebe, pero solemne. No eructa. Sonríe de manera contenida, haciendo fuerza para no mostrar las arrugas.
La conquistaste campeón. Pasaste su filtro. Empezaron a salir. Y empezaste a ver cosas que no te gustaban. Le crecen los pelos en muchos, muchos lados. La ropa que usa normalmente es ropa vieja o gastada. Toma más que vos, y eructa más fuerte que vos. Y cuando ríe, ponete tapones.
¿La escena te resulta conocida? Espero que si, si no, no saliste lo suficiente.
Con los productos pasa exactamente lo mismo, y más aún con las start-ups o emprendimientos acelerados. Te venden que solucionan todos tus problemas. Te dicen que están adelantados. Dicen que generaron valor, que tienen testimonios reales de personas que los recomiendan.
Te cuesta muy poco dinero arrancar a usarlo. En muy poco tiempo, te dicen que “estás generando valor”. Sentís que encontraste oro.
Usás el servicio o el producto un par de meses, y empezás a notar las “manchas en el vestido”. El servicio no escala. Cuando tenés que exigirle un poquito, te dicen que el producto no está pensado para eso. Que tenés que pagar más o que es una característica que “ya van a implementar” (spoiler: no). Cuando te diste cuenta, estás pagando por un servicio que podrías haberte ahorrado al 100%, solamente haciendo la investigación y las cuentas correctas.
El ejemplo más rápido que se me ocurre es cualquier startup cuyo producto haya sido fuertemente creado con apoyo de la IA (es decir, más de la mitad de los entregables del servicio es generado). ¿Control del output? ¿Escalabilidad? ¿Seguridad? ¿Costo? Nada de eso existe. Hace poco salió una vulnerabilidad que permitía que, a través de un correo electrónico, puedas escalar privilegios de sistemas que usen Claude Desktop Extensions.
Hay que vender
No quiero desentenderme de algo: vender implica exagerar virtudes y ocultar problemas. Al igual que una cita, uno va a exagerar que lo que hace, lo hace bien (cinco goles por partido, viajar 3 veces por año a Londres, ser astronauta), mientras que lo que no lo sale es porque no lo ha intentado de verdad (no ahorrar por gastos importantes, no leer por falta de tiempo, estar gordo por el trabajo). Y está bien, la vida se trata de eso.
Todos (nos) vendemos. Pasa por nosotros, consumidores, priorizar aquello que resulta importante, notar los problemas, y sacar cuentas si podemos, o no, vivir con ellos. El mejor vendedor es el que en la mesa chica deja la careta y te habla a la cara diciendo que reconoce los problemas que tiene, que te los nombre, y que puedas hacer una elección consciente.
¿Cuántas relaciones largas tenés en la vida en donde te hayan mentido descaradamente (o se hayan querido levantar a tu pareja)?